"Del agua mansa líbreme Dios, que de la brava me libraré yo"
La enseñanza es que un río aparentemente tranquilo puede esconder remolinos y hoyas, por lo que resulta más temible que un río de corriente violenta. Asimismo, aplicado a las personas, el refrán da a entender que las personas de carácter tranquilo pueden mostrarse sumamente irascibles, cuando se enojan, con la consiguiente sorpresa para quienes tenían otra impresión de ellas.